El Ciclón africano: un cura argentino fundó San Lorenzo de Mozambique para ayudar a chicos y chicas en medio de necesidades extremas

En los orígenes de San Lorenzo de Almagro permanece intacta una imagen fundacional que trasciende el tiempo: en 1908, Lorenzo Massa inauguró el Oratorio San Antonio para sacar a los niños de la calle y alejarlos de los peligros mientras jugaban al fútbol. Más de un siglo después, esa misma lógica —proteger, incluir y brindar un espacio— reapareció a miles de kilómetros, en el norte de Mozambique, de la mano de otro sacerdote argentino, con una pelota y los colores azulgranas como punto de partida.

El Ciclón africano: un cura argentino fundó San Lorenzo de Mozambique para ayudar a chicos y chicas en medio de necesidades extremas

“Todo comenzó con una pelota de fútbol”, relata Guillermo Gómez, de 51 años y oriundo de Trenque Lauquen, a Clarín. Hasta mayo de 2025, fue cura en Lincoln, provincia de Buenos Aires. Antes de partir a África, durante su despedida en su ciudad natal, recibió un balón elaborado por “El Pase”, una cooperativa integrada por presos en proceso de reinserción. Entonces, no imaginaba que ese pequeño gesto replicaría una historia centenaria.

Gómez arribó el 12 de mayo del año pasado a Quixaxe, en la provincia de Nampula, al norte de Mozambique, para integrarse a una misión inspirada en la experiencia del padre Juan Gabriel Arias, quien desde 2014 trabaja en el sur del país, y en la visita del Papa Francisco a esas tierras años atrás. “Su mensaje me quedó grabado: salir de nuestras comodidades, ir al encuentro de los que más necesitan. Eso me quedó en el corazón”, rememora Guillermo.

La decisión se confirmó en la diócesis de Nueve de Julio, cuando el obispo lanzó una convocatoria abierta: “Si algún sacerdote está dispuesto a colaborar con una misión de esta magnitud, tendrá mi autorización”. Gómez no dudó en levantar la mano.

El contexto que encontró era difícil. “La vida es dura, las condiciones bastante precarias. La malaria afecta mucho a la gente. Tal vez hubiera sido mejor venir siendo más joven, pero para quienes somos personas de fe, Dios llama en cualquier momento”, explica. En ese escenario comenzó a trabajar en la creación de la Parroquia San Pedro, inaugurada el 29 de junio junto a otro sacerdote mozambicano.

Sin embargo, el punto de inflexión fue otro. Apenas llegó, infló una pelota y se la lanzó a un grupo de jóvenes y adultos, sin mediar palabra. La magia del deporte más popular del mundo hizo el resto: “La respuesta fue inmediata: sonrisas, expresiones en macua y el juego que comenzó solo”, recuerda. Desde entonces, la escena se repite: “Senhor padre, poderia emprestar-me a bola?” (“Señor padre, ¿me puede prestar la pelota?”), le piden niños y adultos en portugués, el idioma predominante en la región.

Gómez comprendió que había algo más. “La misma gente de la parroquia me propuso formar un equipo. Y lo más novedoso: uno de varones y otro de mujeres. Estamos hablando del primer equipo femenino en Quixaxe”, destaca.

Entonces surgió el nombre y con él la historia. Con el apoyo de la Peña Azulgrana de Lincoln, otra peña de Rafaela, el encargado de la Capilla Lorenzo Massa del Ciclón, Juan Jorge Vozza Albamonte, y otros colaboradores como el exsecretario del club Uriel Barros, llegaron tres juegos de camisetas azulgranas y blancas, que se estrenaron el último domingo de Pascuas. Así nació el “Clube Atlético São Lourenço de Moçambique”, sin reconocimiento oficial ni estructuras formales, pero con una identidad clara y compenetrada.

“Por lo que me contaron, la dirigencia del club en Buenos Aires está interesada en contactarse para explorar cómo continuar con San Lorenzo acá”, agrega Gómez, quien debería regresar a Argentina en octubre, aunque no lo confirma: “Por mí, me quedaría”.

Paralelamente, el proyecto creció con una liga juvenil para adolescentes de 14 y 15 años, vinculada a Scholas Occurrentes, el programa impulsado por el Papa Francisco (fallecido hace un año) que promueve la inclusión a través del deporte, el arte y la tecnología.

El impacto trasciende el fútbol. En una comunidad donde “no existen espacios de participación social, y mucho menos para las mujeres”, según describe el padre Guillermo, el deporte abrió una puerta inesperada. “Ellas son las más comprometidas y apasionadas en los entrenamientos”, subraya. En un contexto donde la vida se reduce al trabajo doméstico y la agricultura de subsistencia, el equipo femenino se convirtió en una rareza y, a la vez, en un símbolo de cambio.

El domingo de Pascua se disputó el primer partido oficial entre dos equipos femeninos: San Lorenzo y Lif. En una cancha improvisada, con camisetas enviadas desde Argentina y una historia que, sin proponérselo, vuelve a escribirse. De Lorenzo Massa a Guillermo Gómez. De Boedo a Quixaxe. De Argentina a Mozambique. De San Lorenzo de Almagro a San Lorenzo de Mozambique.

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